La hoja retorcida de una planta es el silencioso testigo de los abrasadores aires del verano, un caracol busca cobijo en la umbría marchita. Al otro lado del cinturón todo está más caliente. Los caminos de tierra amarilla hunden los pies en el polvo para que el al caminante le sea más duro dar el siguiente paso, el polvo que sube entra en la nariz y resbala hasta la garganta, haciendo de cada inalación un trago de puro infierno.
Este área circunspecta mira al infinito de la nada. Los lugares de aquí están, obviamente, en medio de la nada. Sitios donde un sol inclemente inquina con la sorna de cien farias encendidas a la vez en una pequeña taberna de la plaza de un pueblo. Un perro guarda la puerta mientras, tumbado, espanta las moscas con el rabo. Las moscas, excitadas, fornican en el aire y mueren en una tela de araña cuando llevan su cópula de amantes a un rincon sombrio.
Durante la noche el azufre inunda toda la atmósfera. Los cuerpos empapados voltean las sabanas mojadas del sudor nocturno. La luna sale tímida, avergonzada de ser más sol que luna. La posma del día genera frenética actividad por la noche. La vigilia se hace insoportable y cada arruga de la cama molesta como un agijón. Un súbito salto es suficiente para empezar a construir un producto del insomnio de una noche de verano.
¿Tienes sueño?
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Ese final me ha puesto los pelos de punta…, más que nada porque me siento identificado al 100%. Creo que la estructura del post habría estado mejor si jusificas los párrafos.
Tira campeón!!!