Actos cancelados, cascos calientes y baterías mojadas
El Partido Comunista de Aragón (PCA-PCE) había programado para hoy una jornada lúdica con comida, torneo de guiñote, trivial y, por supuesto, mitin. Pero la lluvia, nunca mejor dicho, les ha aguado la fiesta. Tristeza para el comunista, alegría para el agricultor y dicotomía para el agricultor comunista.
Y para algunas de las historias paralelas que desatan estos acontecimientos, tal es el caso de los (proyecto de) periodistas, se les va mañana en un aguacero y sin noticia que colocar. La imagen es bastante lastimosa. Para llegar al Parque Grande de Zaragoza has recorrido la ciudad de punta a punta en unas calles infestadas de conductores malhumorados. Es una realidad, como en una de las máximas del clarividente Murphy, que cuando llueve todo el mundo saca el coche, y es más, todo el que se te puede llegar a cruzar, se te cruza. Una vez aparacas, al borde del vómito tras (alrededor de) 5000 vueltas buscando sitio, ves que aun te quedan cinco minutos andando hasta la entrada, y, recuerdo, llueve.
Al entrar al parque te cercioras de lo que ya te imaginabas durante todo el viaje; el acto ha sido suspendido. En ese momento el frio que puede dar la lluvia complementada con la brisilla zaragozana no supera el calor interno que supone sentirse tan estupido. Cuando observas que, además, la cámara se está empapando, la temperatura se dispara y el agua que hay en contacto con la incandescente epidermis del periodista se empieza a evaporizar en forma de vapor de agua; como los futbolistas, como las saunas escandinavas o como las locomotoras, depende del metabolismo de cada uno. Es en circunstancias como estas cuando ideas como periodistacabreado.com toman fuerza.
Este anti-acontecimiento acontece pero no contenta. Por otro lado, hace pensar en la profesión y en lo absolutamente dependiendes que somos de la deriva de los acontecimientos. Mecidos, movidos o empujados por la espontaneidad de los acontecimientos; en cierta manera libres, en cierta manera peleles. En ocasiones privilegiados por ser sorprendidos día si y día también y en otras desolados farfullando “me voy a casa, que mañana será otro día”.














