En el momento actual los contenidos de las cadenas de emisión gratuita tienen como elementos primordiales programas de tipo banal y trivial, este tipo de programas llevan una trayectoria ascendente en los últimos años. Esta situación se debe a la confluencia de diversos factores que en conjunto está dando como resultado una aculturación de la sociedad, una falta de visión crítica y de espíritu emprendedor y de cambio.
Uno de los factores mas influyente es ese mal endémico del costumbrismo de la sociedad española arrastrado a través de los siglos. Desde los artículos de Larra hasta el estereotipo de domingo de carajillo y fútbol se viene viendo como la sociedad participa de aquel espíritu del antecesor Romano del “pan y circo” y, aún peor, hoy solo es circo. Los programas de corte sensacionalista copan la programación en las horas de máxima audiencia creando así un nuevo hábito que se complementa como la ancestral tradición de la siesta. Los valores que enseñan estos programas son degeneraciones de aquellos principios de formar, informar y entretener. Programas como Gran Hermano nos elevan a héroes televisivos a una selección realizada por un mecanismo diabólico de lo más esperpéntico de la sociedad y la masa abstraída en su impávidad engulle cotilleos, miserias y bajos instintos a modo de cultura. Este hecho más que lamentable es vergonzoso. Los jóvenes, el sector de la población mas reactivo esta completamente marginado de los espacios y de los horarios televisivos, para ver un programa como Redes debes quedarte hasta las 2 de la mañana para poder recibir contenidos distintos a los que ofrece esta ominosa cultura de masas.
Las cabezas pensantes que dirigen la programación apenas hacen nada por fomentar alternativas a las actuales fórmulas. La competencia se limita a hacer lo mismo pero llegando cada vez a más, a menos, depende como se mire.
Pretender llevar una vida medianamente culta es casi una práctica sectaria. Un canal con contenidos casi completamente alternativos para una audiencia potencial de 40.000.000 de televidentes debe competir con un conglomerado interconexionado de realitys, programas del corazón y mesas de debate en programas de periodistas tan relevantes como Mª Teresa Campos por ejemplo que te bombardean con el OT o el cotilleo del personaje casposo de turno mostrando lo mas deleznable de la condición humana. Este fenómeno hace de la masa un rebaño guiado continuamente por los distintos programas para seguir lo que está de moda y entonces se produce la terrible tragedia, este “cough potatoe” ibérico con las dos neuronas que aún piensan independientemente asocian el estar de moda con ser un “friki” teleadictamente hablando y esto es lo que está fomentando la actual estructura de la programación de la televisión en España.
Por otro lado, no es lo que está ocultando sino dificultando, la ausencia de una clase intelectual respetada y sobre todo en esta sociedad de la información, conocidos. Sólo si lo que la masa traga es algo que fomente una contracultura de masas, avalado por un personaje televisivo al que respeta, se puede fomentar esta visión crítica ante la televisión, más aun con la acechante televisión por cable. ¿Qué va a hacer este cromagnon intelectual generado por la tele basura sin una línea concreta diseñada y fabricada en las distintas producciones de las cadenas? Pues una opción no muy descabellada es que los monstruosos hermanos mayores de los GHs y OTs los GHs 24h y los OTs 24h se lleven las mayores audiencias; lo cual culturalmente hablando es para echarse a llorar.
Antes se ha mencionado juventud y contracultura; ¿cuantas veces estas dos palabras han ido juntas en la historia reciente y que ha pasado cuando esto ha sucedido? La plaza de Tienanmen en 1989 en Corea, la primavera de Praga y Mayo del 68 francés o nuestro San Daniel de 1865 nos demuestran y nos constatan que una juventud emprendedora, reactiva, crítica y luchadora tiene un poder de cambio que traspasa tiempo y fronteras.
Este es el sentido que debe llevar la televisión hacia un perspectivismo de ópticas en vez de darnos una línea única y vacía; esta ayudará tanto a la sociedad como a la educación del ciudadano. Quizá sea utópico pensar que se puede cambiar lo establecido pero lo que no se intenta no se consigue. Puede que este escrito parezca extremista pero la situación televisiva también lo es. Resulta sonrosante ver como el anglosajonismo nos conquista gracias a la caja tonta. Creo que mi opción está clara; o se hace algo por cambiar y en esto los jóvenes podemos y tenemos mucho que hacer o la telebasura irá a más y más. Ahora sólo queda empezar a trabajar.








































